Un llamado a debatir sobre las hidroeléctricas

Hoy se hace necesario retomar con urgencia lo ocurrido en el pasado y lo que pueda suceder en el futuro si se construyen más hidroeléctricas en el Oriente Antioqueño; teniendo en cuenta que el sector eléctrico ha venido privatizándose, comenzado a hacer parte de conglomerados económicos que ven en los ríos un prometedor negocio.

Memoria viva: la dignidad de recordar a los nuestros

Al Movimiento Cívico del Oriente Antioqueño poderes oscuros y alianzas mafiosas en la región buscaron borrarlo de un plumazo: aniquilar la diferencia, exterminar su proyecto político, aterrorizar sus bases sociales y decapitar la dirigencia de la organización regional a partir de la estigmatización, la persecución y el asesinato de sus principales líderes

¡Es domingo de feria digna!

Rosmery Agudelo Agudelo vive para multiplicar las convicciones aprendidas de su padre Amador de 80 años. Madrugar antes de que salga el sol, cumplir con la rutina hasta que se esconda la tarde, profanar las oraciones de la virgen, levantarse a punta de aguapanela, criarse con regaños incluidos, para darle nuevamente la bienvenida a la noche que terminará a las 4:30 am.

Festival Del Agua, 10 años de resistencia en el Oriente Antioqueño

El Festival del Agua es un espacio de encuentro de las organizaciones sociales y comunitarias del Oriente Antioqueño que se ha venido realizando hace diez años en distintos municipios de la región.

Oriente Envenenado

Muerte, destrucción, llanto, desolación… es lo que dejan los químicos después de pasar por la región.

Río Dormilón: escuela de resistencia

El Movimiento Social Vigías del río Dormilón, del municipio de San Luis, se ha convertido en un referente importante de las luchas socioambientales en el Oriente Antioqueño.

¡Es domingo de feria digna!

Por Carlos Mario Palacio

Rosmery Agudelo Agudelo vive para multiplicar las convicciones aprendidas de su padre Amador de 80 años. Madrugar antes de que salga el sol, cumplir con la rutina hasta que se esconda la tarde, profanar las oraciones de la virgen, levantarse a punta de aguapanela, criarse con regaños incluidos, para darle nuevamente la bienvenida a la noche que terminará a las 4:30 am.

Para ella y muchos san franciscanos las convicciones traen armonía y buen vivir con la naturaleza. Trabajar lo representa todo, además porque de ahí parte el sustrato económico. El descanso es el resultado de un esfuerzo ganado, todo esta cumplido, aunque “el cuerpo me acostumbró desde niña a trabajar a diario” comenta Yolanda. Por eso, en su casa está prohibido refunfuñar porque es asunto de cobardes, ¡si se queja no sirve!

En San Francisco las normas del campo se deben practicar con rectitud sin tender a la mediocridad, “cada cosa en su sitio”, así que la norma más importante comienza el domingo de feria campesina realizada cada dos meses. Yolanda lo sabe y mientras hablamos no para de señalarme que pocas veces ha dejado de participar en la feria y cuando lo hace es por fuerza mayor. Desde el 2011 la admirable labor que hace como madre de familia se vio reflejada en la participación conjunta con otras mujeres en este mercado campesino, “pase de vender los productos como la yuca, el plátano, el limón, el frijol, a transformar esos mismos productos en una bandeja paisa donde me dejará mayores ganancias”, destaca. Incluso la bandeja paisa viene acompañada de una tasada de limonada echa el domingo de feria en la mañana.

¿A como vende el plato de bandeja paisa? Se pregunta por unos segundos, “el frijol con el que hago la bandeja paisa se llama Lima y lo cosecho en la finca de mi esposo”, me cuenta mientras golpea con las manos un cortaúñas. ¿Ha probado la tinta del frijol? Trato que el plato quede tintudo para darle al arroz un toque distinto. ¡Ahora sí, vale 6000 pesos la bandeja!

A Rosmery la acompaña su esposo y sus dos hijos, está cerca de los cuarenta años, con la mirada tímida se expresa segura evadiendo la utilización de comentarios largos, al no ser que le pregunte por el significado de categorías presentes en su cotidianidad, ¿qué es el agua?  Todo, el agua es vida, la vida es la esperanza de nosotros y del futuro. Para mi el agua es lo contrario a una mercancía –interviene Jonathan su hijo de once años–. Yo quiero más montañas, más aire puro, menos tala de bosques –acota su esposo moviendo las manos hacia los lados.

Aunque a los tres los distancia la edad, los une la verdadera lucha, la que se lleva a cabo en las montañas, en las familias afectadas, en las juntas de acción comunal, todos ellos buscan cuidar el territorio y evadir el eco de la palabra destrucción.

El cacao de la Maravilla

-Nuestra devoción se cumple antes de acostarnos, pero a las cuatro de la mañana me voy para donde tengo los santos, rezo. A las siete de la mañana estoy escuchando la misa por la radio, medito. A los tres dulces nombres, Jesús, María y José les entrego las labores del día –recuerda Margarita–. Ellos son mi guía, mi compañía a donde quiera que vaya. Jesús, José y María que nos libre de todo mal y peligro.

Esa es la devoción diaria. Así comienza el amanecer de Margarita Daza en la vereda La Maravilla, bajo la protección de sus oraciones, pero en el limbo de posibles riesgos de estancamiento del agua cristalina que riega a San Francisco, rincón de cascadas y promotor del turismo ecológico.

A Margarita, quien la despierta, algunas veces, es la costumbre, porque si a las cuatro de la mañana la alarma no ha sonado ella le sale adelante. El cantar de los gallos nunca falla, desde la una de la mañana están dando lidia, como lo asegura su dueña. Eso sí, vuelven a parar de las dos hasta las tres de la mañana, a las cuatro continúan el ruido hasta las seis de la mañana.

–¿Cuál es el producto típico de la vereda?

-Ha escuchado el cacao de La Maravilla

-No señora

-Mira, sin cacao la feria no es lo mismo, y si no fuera por el caco no hubiéramos dado el primer paso de potenciar la seguridad alimentaria. El cacao es transformado por nosotras mismas, quienes conformamos ASOFAGUA, Asociación de familias guardabosques; y la persistencia a la hora de fabricar este típico producto nos enorgullece y es un ejemplo claro de los procesos organizativos liderados por la Asociación Campesina de Antioquia (ACA).

Por eso, aquí el cacao manda la parada, porque hay motivación y ganas de salir adelante. Sin embargo, todo lo bueno lleva un proceso minucioso lleno de paciencia. Son seis pasos que requieren varias horas de trabajo. Al final el producto estará en el mercado y la pasta de chocolate se remojará en la batidora con agua o en leche caliente. Cuando el palo de cacao ha cumplido dos años después de la siembra, empiezan a germinar los primeros granos y con ellos el primer paso donde se selecciona el grado. Luego se tuesta el grano en un sartén y se pela. Posteriormente se quita la cáscara del cacao hasta quedar en almendra. Después se muele la almendra en la máquina de la ACA y sale el licor del cacao caldudo como si fuera tinta de chocolate. Luego ese caldo se echa en el diseño del molde y finalmente se pone en el refrigerador durante varias horas para empacar el cacao y comercializarlo en el mercado.

De esta manera pueden preguntar por el toldo de Margarita y Socorro los domingos de feria campesina, seguramente la buena atención ayuda a que los vendedores y los compradores se sientan identificados con la fiesta del trueque, Margarita improvisa su oficina para la recolección del dinero ganado con el sudor de la frente. El valor específico consiste en lograr que la feria abra nuevos espacios para el diálogo, y la realimentación con el prestigio de acompañar estos procesos particulares donde se excitan pasiones y se invita al consumo de la mazamorra, el tamal, el buñuelo con cidra, la natilla de cidra, la mermelada de bocadillo y el jugo de borojó.

Las Soñadoras del Pajui

Entre mujeres se entienden, van acompañadas por un sueño que se hace intermitente e innombrable. Llevan reunidas diez años cuando en el 2008 les llamó la atención trabajar en grupo las huertas campesinas, desde ese día anhelan seguir construyendo y formando lazos inquebrantables. La palabra les ofrece cambio y cada una tiene el derecho de ofrecer nuevas ideas. Se reúnen los jueves antes del domingo de mercado campesino. Hablan pausado, seguras de que la lucha nunca acaba, sus tareas son varias. Entre ellas esta prohibido utilizar cualquier conjugación en negativo, si lo hacen comienzan los problemas. Caminan hacia el mismo lado, sincronizadas. De ahí parte el principio fundamental de las Mujeres Soñadoras del Pajui. Buscar un fin colectivo permeado por las potencialidades individuales.

Desde el 2008 Las Soñadoras de la mano de Nancy –la presidenta– dicen que la unión es el valor central del grupo, en total son 10 mujeres que persiguen esa consigna.

–¿Qué le podría faltar a la feria campesina?

–Ya está la bandeja paisa, el chocolate y la mazamorra.

–¿Y el sancocho?

Claro, Las Mujeres del Pajui se encargan de preparar el mejor sancocho de San Francisco a tan solo $7.000.  Trae arroz, ensalada, papa, plátano, limón, además de la energía que ellas le imprimen a la elaboración del sancocho. El domingo a las seis de la mañana todas ellas se encuentran en la comisión preparando el delicioso plato. Cuando cae la tarde obtienen los beneficios colectivos que serán repartidos en diciembre para los regalos de navidad de sus hijos. La feria es nuestra forma de decir ¡presente!

Si a Nancy le pusieran a resumir la feria campesina en una frase insistiría en la siguiente: “Con la feria campesina me voy a pensionar” dice entre risas. Yo nunca he dejado de participar.

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