Un llamado a debatir sobre las hidroeléctricas

Hoy se hace necesario retomar con urgencia lo ocurrido en el pasado y lo que pueda suceder en el futuro si se construyen más hidroeléctricas en el Oriente Antioqueño; teniendo en cuenta que el sector eléctrico ha venido privatizándose, comenzado a hacer parte de conglomerados económicos que ven en los ríos un prometedor negocio.

Memoria viva: la dignidad de recordar a los nuestros

Al Movimiento Cívico del Oriente Antioqueño poderes oscuros y alianzas mafiosas en la región buscaron borrarlo de un plumazo: aniquilar la diferencia, exterminar su proyecto político, aterrorizar sus bases sociales y decapitar la dirigencia de la organización regional a partir de la estigmatización, la persecución y el asesinato de sus principales líderes

¡Es domingo de feria digna!

Rosmery Agudelo Agudelo vive para multiplicar las convicciones aprendidas de su padre Amador de 80 años. Madrugar antes de que salga el sol, cumplir con la rutina hasta que se esconda la tarde, profanar las oraciones de la virgen, levantarse a punta de aguapanela, criarse con regaños incluidos, para darle nuevamente la bienvenida a la noche que terminará a las 4:30 am.

Festival Del Agua, 10 años de resistencia en el Oriente Antioqueño

El Festival del Agua es un espacio de encuentro de las organizaciones sociales y comunitarias del Oriente Antioqueño que se ha venido realizando hace diez años en distintos municipios de la región.

Oriente Envenenado

Muerte, destrucción, llanto, desolación… es lo que dejan los químicos después de pasar por la región.

Río Dormilón: escuela de resistencia

El Movimiento Social Vigías del río Dormilón, del municipio de San Luis, se ha convertido en un referente importante de las luchas socioambientales en el Oriente Antioqueño.

Por Carlos Hernando Olaya Rodríguez

Hoy se hace necesario retomar con urgencia lo ocurrido en el pasado y lo que pueda suceder en el futuro si se construyen más hidroeléctricas en el Oriente Antioqueño; teniendo en cuenta que el sector eléctrico ha venido privatizándose, comenzado a hacer parte de conglomerados económicos que ven en los ríos un prometedor negocio.

El atractivo para los inversionistas del sector eléctrico en el oriente se debe a la topografía e hidrología que tiene la región, lo mismo que la instalación de una extensa red eléctrica construida en años anteriores con recursos públicos. Por eso, se vislumbra la construcción en los próximos años de una serie de grandes, medianas y pequeñas hidroeléctricas en nuestros territorios.

La rentabilidad percibida se hace efectiva para los inversionistas porque no se contemplan los costos sociales, económicos, culturales y medioambientales ocasionados a las comunidades impactadas, en especial aquellas que se ven desplazadas de sus lugares de residencia. Tampoco se tiene en cuenta el impacto fiscal de los municipios con la entrega de los territorios y bienes comunes a grupos privados.

Respecto a las consecuencias para las comunidades sabemos que las familias que habitan aguas abajo y arriba de las represas, en particular aquellas que dependen de la agricultura y la pesca, sufren el deterioro de sus medios de subsistencia. También se sabe que la mayoría de familias que son desplazadas por la construcción de represas no son reconocidas como tales y por lo tanto no son reparadas; y en los casos que han sido reparadas, ha sido de forma insuficiente.

Por otra parte, todavía no se han establecido licencias de operación que aclaren las responsabilidades del propietario al terminar la vida útil de la represa, dejando en el aire quién se hará cargo de este problema, el cual, lógicamente, tendrá que ser asumido por la sociedad. Además, el costo de las obras se traslada a las tarifas que se cobran a los usuarios. Entonces cabe la pregunta de quién o quiénes se benefician realmente con este tipo de actividad.

En síntesis consideramos que el debate sobre las represas debe estar referido al significado, la finalidad y los caminos del buen uso de los bienes comunes naturales. La equidad, la eficiencia, la participación efectiva en la toma de decisiones, la sustentabilidad y responsabilidad, lo mismo que las disposiciones en materia de Derechos Humanos y de protección del medio ambiente deberán ser tenidas en cuenta prioritariamente en la aprobación o no de este tipo de proyectos.

En cualquier caso se requiere considerar previamente las necesidades de agua, alimentos y energía, definiendo claramente los objetivos del proyecto a emprender. Allí los aspectos sociales y ambientales son tan importantes como el factor de rentabilidad.

Consideramos, también, que se deben solucionar previamente cuestiones sociales pendientes en las zonas donde se han construido proyectos anteriores como es el caso de San Carlos, y reforzar medidas de mitigación y de recuperación ambiental y social en los que ya se han detectado graves fallas de diseño y ejecución como hoy se ve claramente en Hidroituango.

Por último, señalamos que en la actualidad existen opciones para el manejo del agua y la energía, incluidas el manejo de la demanda, aumento de la eficiencia de la oferta, y nuevas opciones de suministro que pueden satisfacer las necesidades de todos los sectores de la sociedad, sin tener que llenar de hidroeléctricas los territorios.

Los sistemas descentralizados de suministro de agua y energía en pequeña escala, el aumento de la eficiencia en el suministro y en los usos finales, así como el manejo de la demanda pueden ser mejores salidas, más baratas, beneficiosas y equitativas. 

Esto nos convida a realizar acciones para revertir el modelo de desarrollo extractivista que se viene imponiendo en el país sobre la base de la explotación intensiva de los escasos recursos naturales.

Por Carlos Mario Palacio

Rosmery Agudelo Agudelo vive para multiplicar las convicciones aprendidas de su padre Amador de 80 años. Madrugar antes de que salga el sol, cumplir con la rutina hasta que se esconda la tarde, profanar las oraciones de la virgen, levantarse a punta de aguapanela, criarse con regaños incluidos, para darle nuevamente la bienvenida a la noche que terminará a las 4:30 am.

Para ella y muchos san franciscanos las convicciones traen armonía y buen vivir con la naturaleza. Trabajar lo representa todo, además porque de ahí parte el sustrato económico. El descanso es el resultado de un esfuerzo ganado, todo esta cumplido, aunque “el cuerpo me acostumbró desde niña a trabajar a diario” comenta Yolanda. Por eso, en su casa está prohibido refunfuñar porque es asunto de cobardes, ¡si se queja no sirve!

En San Francisco las normas del campo se deben practicar con rectitud sin tender a la mediocridad, “cada cosa en su sitio”, así que la norma más importante comienza el domingo de feria campesina realizada cada dos meses. Yolanda lo sabe y mientras hablamos no para de señalarme que pocas veces ha dejado de participar en la feria y cuando lo hace es por fuerza mayor. Desde el 2011 la admirable labor que hace como madre de familia se vio reflejada en la participación conjunta con otras mujeres en este mercado campesino, “pase de vender los productos como la yuca, el plátano, el limón, el frijol, a transformar esos mismos productos en una bandeja paisa donde me dejará mayores ganancias”, destaca. Incluso la bandeja paisa viene acompañada de una tasada de limonada echa el domingo de feria en la mañana.

¿A como vende el plato de bandeja paisa? Se pregunta por unos segundos, “el frijol con el que hago la bandeja paisa se llama Lima y lo cosecho en la finca de mi esposo”, me cuenta mientras golpea con las manos un cortaúñas. ¿Ha probado la tinta del frijol? Trato que el plato quede tintudo para darle al arroz un toque distinto. ¡Ahora sí, vale 6000 pesos la bandeja!

A Rosmery la acompaña su esposo y sus dos hijos, está cerca de los cuarenta años, con la mirada tímida se expresa segura evadiendo la utilización de comentarios largos, al no ser que le pregunte por el significado de categorías presentes en su cotidianidad, ¿qué es el agua?  Todo, el agua es vida, la vida es la esperanza de nosotros y del futuro. Para mi el agua es lo contrario a una mercancía –interviene Jonathan su hijo de once años–. Yo quiero más montañas, más aire puro, menos tala de bosques –acota su esposo moviendo las manos hacia los lados.

Aunque a los tres los distancia la edad, los une la verdadera lucha, la que se lleva a cabo en las montañas, en las familias afectadas, en las juntas de acción comunal, todos ellos buscan cuidar el territorio y evadir el eco de la palabra destrucción.

El cacao de la Maravilla

-Nuestra devoción se cumple antes de acostarnos, pero a las cuatro de la mañana me voy para donde tengo los santos, rezo. A las siete de la mañana estoy escuchando la misa por la radio, medito. A los tres dulces nombres, Jesús, María y José les entrego las labores del día –recuerda Margarita–. Ellos son mi guía, mi compañía a donde quiera que vaya. Jesús, José y María que nos libre de todo mal y peligro.

Esa es la devoción diaria. Así comienza el amanecer de Margarita Daza en la vereda La Maravilla, bajo la protección de sus oraciones, pero en el limbo de posibles riesgos de estancamiento del agua cristalina que riega a San Francisco, rincón de cascadas y promotor del turismo ecológico.

A Margarita, quien la despierta, algunas veces, es la costumbre, porque si a las cuatro de la mañana la alarma no ha sonado ella le sale adelante. El cantar de los gallos nunca falla, desde la una de la mañana están dando lidia, como lo asegura su dueña. Eso sí, vuelven a parar de las dos hasta las tres de la mañana, a las cuatro continúan el ruido hasta las seis de la mañana.

–¿Cuál es el producto típico de la vereda?

-Ha escuchado el cacao de La Maravilla

-No señora

-Mira, sin cacao la feria no es lo mismo, y si no fuera por el caco no hubiéramos dado el primer paso de potenciar la seguridad alimentaria. El cacao es transformado por nosotras mismas, quienes conformamos ASOFAGUA, Asociación de familias guardabosques; y la persistencia a la hora de fabricar este típico producto nos enorgullece y es un ejemplo claro de los procesos organizativos liderados por la Asociación Campesina de Antioquia (ACA).

Por eso, aquí el cacao manda la parada, porque hay motivación y ganas de salir adelante. Sin embargo, todo lo bueno lleva un proceso minucioso lleno de paciencia. Son seis pasos que requieren varias horas de trabajo. Al final el producto estará en el mercado y la pasta de chocolate se remojará en la batidora con agua o en leche caliente. Cuando el palo de cacao ha cumplido dos años después de la siembra, empiezan a germinar los primeros granos y con ellos el primer paso donde se selecciona el grado. Luego se tuesta el grano en un sartén y se pela. Posteriormente se quita la cáscara del cacao hasta quedar en almendra. Después se muele la almendra en la máquina de la ACA y sale el licor del cacao caldudo como si fuera tinta de chocolate. Luego ese caldo se echa en el diseño del molde y finalmente se pone en el refrigerador durante varias horas para empacar el cacao y comercializarlo en el mercado.

De esta manera pueden preguntar por el toldo de Margarita y Socorro los domingos de feria campesina, seguramente la buena atención ayuda a que los vendedores y los compradores se sientan identificados con la fiesta del trueque, Margarita improvisa su oficina para la recolección del dinero ganado con el sudor de la frente. El valor específico consiste en lograr que la feria abra nuevos espacios para el diálogo, y la realimentación con el prestigio de acompañar estos procesos particulares donde se excitan pasiones y se invita al consumo de la mazamorra, el tamal, el buñuelo con cidra, la natilla de cidra, la mermelada de bocadillo y el jugo de borojó.

Las Soñadoras del Pajui

Entre mujeres se entienden, van acompañadas por un sueño que se hace intermitente e innombrable. Llevan reunidas diez años cuando en el 2008 les llamó la atención trabajar en grupo las huertas campesinas, desde ese día anhelan seguir construyendo y formando lazos inquebrantables. La palabra les ofrece cambio y cada una tiene el derecho de ofrecer nuevas ideas. Se reúnen los jueves antes del domingo de mercado campesino. Hablan pausado, seguras de que la lucha nunca acaba, sus tareas son varias. Entre ellas esta prohibido utilizar cualquier conjugación en negativo, si lo hacen comienzan los problemas. Caminan hacia el mismo lado, sincronizadas. De ahí parte el principio fundamental de las Mujeres Soñadoras del Pajui. Buscar un fin colectivo permeado por las potencialidades individuales.

Desde el 2008 Las Soñadoras de la mano de Nancy –la presidenta– dicen que la unión es el valor central del grupo, en total son 10 mujeres que persiguen esa consigna.

–¿Qué le podría faltar a la feria campesina?

–Ya está la bandeja paisa, el chocolate y la mazamorra.

–¿Y el sancocho?

Claro, Las Mujeres del Pajui se encargan de preparar el mejor sancocho de San Francisco a tan solo $7.000.  Trae arroz, ensalada, papa, plátano, limón, además de la energía que ellas le imprimen a la elaboración del sancocho. El domingo a las seis de la mañana todas ellas se encuentran en la comisión preparando el delicioso plato. Cuando cae la tarde obtienen los beneficios colectivos que serán repartidos en diciembre para los regalos de navidad de sus hijos. La feria es nuestra forma de decir ¡presente!

Si a Nancy le pusieran a resumir la feria campesina en una frase insistiría en la siguiente: “Con la feria campesina me voy a pensionar” dice entre risas. Yo nunca he dejado de participar.

Por: Johan Higuita, investigador de la Corporación La Tulpa Comunitaria

“Porque hay y ha habido quien creyó y cree que, asesinando personas, asesina también los pensamientos y los sueños que en veces son palabras y en veces son silencios. Quien así cree en realidad teme. Y su temor adquiere el rostro del autoritarismo y la arbitrariedad. Y en la resaca de la sangre busca la máscara de la impunidad y el olvido. No para que todo quede atrás, sino para asegurarse de que podrá de nuevo hacer actuar su temor sobre los que le son diferentes.”

Subcomandante Marcos, carta a la digna Argentina, marzo de 2001.

 

Al Movimiento Cívico del Oriente Antioqueño poderes oscuros y alianzas mafiosas en la región buscaron borrarlo de un plumazo: aniquilar la diferencia, exterminar su proyecto político, aterrorizar sus bases sociales y decapitar la dirigencia de la organización regional a partir de la estigmatización, la persecución y el asesinato de sus principales líderes. Las fuerzas oscuras de siempre, las que han manejado a su antojo y heredado los hilos del poder en Colombia, ordenaron su exterminio inmisericordemente a manos de sicarios y bandas paramilitares.

Estas comunidades rebeldes del Oriente habían osado salirse del molde tradicional que durante años habían fabricado e impuesto sobre ellas los políticos y gamonales. Una vieja y sucia práctica a la que han estado ancladas las élites del país, edificando un orden autoritario que no gusta del juego limpio de la democracia. Una sucia práctica que hasta el día de hoy persiste, y que continúa aplicándose de manera sistemática para contener las posibilidades de cambio. En tan solo 10 meses del 2018 se cuentan más de 300 líderes sociales y defensores de derechos humanos asesinados. De nuevo se prenden las alarmas sobre una realidad que no es nueva, y que más bien parece el reencauche del mismo guión de la guerra que busca a toda costa enrolar al país en una nueva confrontación.

El Movimiento Cívico del Oriente Antioqueño, plantean reconocidos investigadores como Orlando Fals Borda, Clara Inés García y Pedro Santana, fue una de las experiencias de organización popular y movilización social con un carácter regional más significativas en Colombia durante la década de 1980. Con la violencia la amnesia obligatoria y el silencio se impusieron, y después de exterminar físicamente al movimiento se buscó también eliminarlo de la historia, condenarlo al completo olvido. En lo nacional algunas personas recordarán, si acaso, el genocidio político que sufrieron otras organizaciones y movimientos alternativos y/o de izquierda como la Unión Patriótica, ¡A Luchar!, Esperanza Paz y Libertad, y el Concejo Regional Indígena del Cauca (sólo por mencionar algunos); pero al Movimiento Cívico casi que se le ha desconocido completamente, su memoria está por reconstruir y su exterminio por esclarecer. Frente a una historia oficial que engaña e impone su versión, es necesaria una memoria popular que resista y amplíe las perspectivas de mundos posibles.

En el Oriente Antioqueño, desde el 2013 hacia acá, muchos y muchas nos negamos a olvidar: jóvenes, estudiantes, sobrevivientes, mujeres, volcaron su mirada al pasado para reconstruir los hechos, para entablar un diálogo con los mayores y los “muertos” rescatando la esperanza del olvido. En esta labor de labrar la memoria han sido vitales experiencias juveniles como las del Colectivo Sin Esquemas de Marinilla y el proceso La Tulpa Comunitaria de La Unión, o la organización jalonada por los sobrevivientes y amigos del movimiento agrupados en la organización COMCREAR (Corporación Movimiento Cívico Ramón Emilio Arcila).

Fruto de estos esfuerzos de memoria, fue posible que en el presente año se diera una ganancia importante: que el Estado reconociera que en el Oriente Antioqueño se fraguó un exterminio sistemático, provocando un verdadero genocidio político de la alternativa que emergía con fuerza de la organización popular gracias al Movimiento Cívico, movimiento que además recogía la trayectoria de más de dos décadas de luchas sociales (1960-1970) que traían las comunidades orientales en contra de lo que hoy llamamos extractivismo, que es el mismo modelo económico de desarrollo impuesto, que piensa los territorios desde afuera y desde arriba para intereses ajenos a los de sus habitantes y protectores, y que no tiene ningún tipo de consideración con la destrucción de los bienes comunes.

Así la Unidad Especial para la Atención y Reparación a las Víctimas emitió la resolución 2018-529 durante enero del presente año, donde reconoce el exterminio del Movimiento Cívico y además se le reconoce como sujeto de reparación colectiva por ser víctima colectiva en el marco del conflicto armado colombiano. Allí se plantea por ejemplo que al menos 250 integrantes del movimiento, entre los líderes y las bases sociales, fueron asesinados, dicho documento reconoce que los y las integrantes del movimiento sufrieron hechos victimizantes como “homicidios, torturas, desplazamientos forzados, allanamientos, amenazas contra la vida, retenciones ilegales y persecución”.

Esto ha significado una ganancia importante en términos del reconocimiento institucional y desde la oficialidad. Sin embargo, más importantes aún son los procesos que se han venido gestando en la región a partir del encuentro con la memoria. Una experiencia indiscutible en esta dirección ha sido la del Movimiento Social por la Vida y la Defensa  del Territorio (MOVETE), quien ha continuado el legado de organización comunitaria, articulación regional y defensa del territorio que dejó acumulado el Movimiento Cívico, una experiencia real de memoria viva, de una memoria que se narra desde la acción, desde la lucha, desde el hacer, que disputa la versión sobre el pasado como un punto de partida para construir otras alternativas de futuro que permitan superar la crisis civilizatoria en la que indudablemente nos encontramos.

Hoy que el manto amenazador de la muerte recae de nuevo sobre las inermes voces que se levantan para seguir denunciando las injusticias y los atropellos, es fundamental recrear la memoria, una memoria viva que se niega al olvido no desde la simple pretensión investigativa o el interés de encerrar el relato en los museos, sino como eje central en las luchas sociales y cívicas del ahora, como una pedagogía, como un horizonte y un punto de partida para los movimientos sociales. Es decir, el reconocimiento de un acumulado popular importante en la región que si pasa por los ojos de la memoria puede abrir grandes perspectivas de futuro, siempre y cuando entendamos que la experiencia que nos legan no son más que los hombros sobre los cuales podremos apoyarnos.  

Por Alexandra Zuluaga

El Festival del Agua es un espacio de encuentro de las organizaciones sociales y comunitarias del Oriente Antioqueño que se ha venido realizando hace diez años en distintos municipios de la región, encaminado a llevar a cabo acciones colectivas de defensa del territorio en contra al modelo de desarrollo extractivista.

Luego de atender la crisis humanitaria que había dejado el conflicto armado en la región, caracterizado por las acciones de denuncia y visibilización lideradas principalmente por oenegés, los festivales del agua posibilitaron el reencuentro de los procesos sociales y de las comunidades, dándole un carácter político y no solo reivindicativo a la movilización social. Los festivales del agua surgen entonces como una estrategia de resistencia, como una forma de expresión y de protesta sobre los conflictos socioambientales presentes en el territorio, permitiendo la organización autónoma de las comunidades y la incidencia frente a la institucionalidad.  

A partir de esta acción colectiva, que en principio fue liderada por el Equipo Departamental de Servicios Públicos y Pobreza -conformado por organizaciones populares del Oriente Antioqueño y de Medellín-, se llevaron a cabo los Festivales del Agua del 2009 en El Peñol, 2010 en Cocorná, 2011 en San Francisco, y 2012 en Granada. En el 2013, en el marco del V Festival del Agua realizado en el Carmen de Viboral, se fundó el Movimiento por la Vida y la Defensa del Territorio (MOVETE).

Ese festival permitió aglutinar los procesos sociales que tenían presencia en ese momento en el Oriente Antioqueño: Asamblea de Bosques, Equipo Departamental y Asamblea Provincial. Lo que dio pie a esta articulación fue el informe de La Mesa de Derechos Humanos del Oriente Antioqueño presentado en el año 2012, el cual mostraba la creciente presentación de proyectos extractivos en el territorio: 52 pedidos de concesión para pequeñas, medianas y grandes centrales hidroeléctricas. Antes de la fundación del MOVETE, los festivales del agua tenían un carácter más local. El festival realizado en el Carmen de Viboral posibilitó una mirada regional a las problemáticas del territorio gracias a la presencia de 20 municipios, unificando al Oriente Antioqueño en torno a esta propuesta.

Los Festivales del Agua han tenido distintas estrategias para propiciar el encuentro comunitario a través de la realización de foros temáticos, recorridos territoriales, discusiones por mesas temáticas y expresiones culturales a través de marchas carnavales, las cuales han permitido visibilizar no solo las problemáticas del territorio sino también las alternativas al modelo de desarrollo extractivo.

El VI Festival del Agua, realizado en el municipio de San Carlos en el año 2014, fue clave para despegar como movimiento. Ese festival fue trascendental puesto que permitió madurar el tema hidroeléctrico en la región. Como es bien sabido, el MOVETE es un heredero del Movimiento Cívico del Oriente Antioqueño, cuyas demandas en los años 80´s consistían en hacer parte del desarrollo. Es decir, se aprobaba la construcción de hidroeléctricas siempre y cuando esos recursos llegaran a las comunidades. Precisamente en el festival del 2014 se discutió la necesidad de replantear el modelo de desarrollo, haciendo una oposición férrea al represamiento de los bienes hídricos para la generación de energía eléctrica.

En el año 2015 se realizó el VII Festival del Agua en el municipio del Carmen de Viboral. Este festival adquiere un carácter multitudinario y de mayor impacto político, debido al cubrimiento de medios tanto alternativos como tradicionales, y la llegada de nuevos actores al movimiento. Otro avance importante en el marco de ese festival, consistió en sistematizar los conflictos socioambientales presentes en el territorio. Una labor fundamental fue recorrer los municipios y generar espacios formativos para que la gente llegara al festival informada de las problemáticas. En el evento se decidió realizar una audiencia pública ambiental para la interlocución entre la comunidad y la institucionalidad. Hubo un avance importante en términos de articulación para el MOVETE ya que también se llevó a cabo el foro subregional de la Cumbre Agraria Antioquia, desarrollado en el marco de las negociaciones del gobierno nacional con el sector campesino.

Para el año 2016 le correspondió al municipio de San Luis la realización del VIII Festival del Agua. En el marco de las negociaciones de paz, posibilitó generar una cualificación del discurso en la construcción desde la base de conceptos como la paz territorial, entendida como la permanencia digna en los territorios; de allí surge el lema de dicho festival, el cual rezaba: “Por la justicia ambiental y la paz territorial, que las aguas fluyan hacia la paz”.  Para el MOVETE era necesario posicionar un aporte al proceso de paz, debido al entramado del conflicto armado, la consecuente pacificación del territorio, y la imposición del modelo de desarrollo extractivista en el Oriente Antioqueño.

En el 2017 se destacaron en la región diversas acciones colectivas: principalmente movilizaciones en defensa del río Samaná y en oposición al Proyecto Hidroeléctrico que quiere represar sus aguas; también se llevó a cabo la Caravana por la vida, el agua, el territorio y la paz, que posibilitó la articulación internacional del movimiento con RedHer (Red de Hermandad y Solidaridad con Colombia). En este panorama de movilización se llevó a cabo el IX Festival del Agua, realizado en el municipio de Sonsón bajo el lema “Para amar, defender y vivir el Páramo”, debido al potencial hídrico del municipio conformado por las vertientes del río Cauca y el río Magdalena, así como las afectaciones provocadas por las microcentrales Aures Bajo e Hidroarma. A pesar de la oposición y la estigmatización al movimiento por parte de la Administración Municipal, el festival se llevó a cabo y se visibilizó la resistencia de la zona páramo que ha hecho incidencia local en el territorio oponiéndose a las microcentrales. En el marco de este festival tuvo lugar la audiencia pública senatorial de control político sobre los proyectos minero-energéticos y los conflictos socioambientales, lo que permitió escalar el debate del MOVETE al plano nacional.

Este año celebraremos la décima versión del Festival del Agua en el municipio de San Francisco con el propósito de visibilizar las alternativas al modelo de desarrollo. En el altiplano, la agroecología, el arte y la cultura como formas resistencia; en la zona bosques, el patrimonio ambiental y el turismo comunitario como formas de apropiación territorial; y en la zona páramo, la organización campesina para la vida digna. Esperamos que el Festival del Agua continúe siendo el espacio de articulación de las resistencias del Oriente Antioqueño para la defensa del territorio.








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